Ayer fuimos a la exposición Un Día en Mongolia que se puede ver en el Kiosco Alfonso. La barroca y exuberante imaginería del arte religioso me llamó la atención. Algunas pinturas mostraban una gigantesca criatura de piel negra y ojos furiosos enarbolando una espada en llamas. Al parecer se trataba de un ser legendario defensor de las enseñanzas budistas. Evidenciando una cierta falta de ecumenismo, la criatura pisoteaba los cuerpos postrados de dioses hindúes, los cuales parecían ostensible y comprensiblemente incómodos. Uno de los dioses pisoteados era Ganesha (lo reconocí por la trompa, además hay una figura suya en el restaurante indio que hay cerca de la estación de trenes).
También había expuestos vestimentas e instrumentos tradicionales del chamán, lo que me recuerda que tengo que leer algún día el libro de Mircea Eliade sobre el tema. Un chamán famoso fue Teb-Tengri, que subía y bajaba del cielo en un caballo blanco y disputó a Gengis Khan el control de la horda mongola, pagando el desafío con su vida.
Otra cosa que me llamó la atención fue una especie de cerrojo que usaba como llaves unas láminas metálicas rectangulares de diseño abstracto. Tenían un aspecto incongruentemente moderno, ¡casi parecían tarjetas perforadas! Me gustaría tener un cerrojo parecido.
Por cierto, la biblioteca González Garcés tiene un ejemplar de La Historia Secreta de los Mongoles (editorial Miraguano) con extenso aparato crítico y abundantes anotaciones. Recomendado a los que quieran profundizar en el tema.
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