No se encontró ningún pasillo subterráneo después de tumbar las paredes y levantar los suelos de las habitaciones inferiores, aunque Morghi llegó incluso a retirar las losas de piedra bajo una imagen obscena de Zhothaqquah, que ocupaba una de las habitaciones más inferiores. Dicha operación la había llevado a cabo con verdadera repugnancia, ya que el dios peludo y rechoncho, con sus rasgos de murciélago y cuerpo de gusano, resultaba terriblemente desagradable para el supremo sacerdote de la diosa-cierva Youndeh.
(Clark Ashton Smith: La Puerta de Saturno)
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