En Edad de Oro hay un interesante post sobre sonetos autorreferentes.
Si se me permite la insolencia de establecer una analogía entre poemas y programas - programas de computador, mecánicos y estériles - diría que el equivalente a los sonetos autorreferentes en el campo de la programación son los Quines.
Un Quine es un programa que imprime su propio código fuente. Es decir, el resultado de ejecutar el programa son las mismas instrucciones del programa.
Construir un Quine no es difícil, aunque a menos que el lenguaje de programación incluya instrucciones destinadas específicamente a listar programas - lo que es un poco como hacer trampa - tampoco es tan trivial como parece a primera vista.
Kurt Godel hizo amplio uso de la autorreferencia en las Matemáticas para probar su famoso Teorema de la Incompletitud, que dice que para cualquier conjunto de axiomas -excepto los más triviales- hay afirmaciones que son ciertas bajo esos axiomas, pero que no pueden ser probadas a partir de ellos.
Me pregunto si hay algún análogo poético para el Teorema de Godel. Ahora mismo no se me ocurre ninguno.
Una amena discusión de dicho teorema, y de la autorreferencia en general, puede encontrarse en el libro Gödel, Escher, Bach: un Eterno y Grácil Bucle de Douglas Hofstader. Como el título insinúa, parte del libro se dedica a explorar la autorreferencialidad en la música de Bach y en la pintura de M. C. Escher.
Para más información, ver el post "Autorreferencia" en La Explanada de Avente.
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