Ayer por la mañana vi cómo un operario de mono azul cambiaba la fecha del calendario floral en los Jardines de Méndez Núñez.
He de reconocer que la escena me decepcionó un poco... no sé, quizás esperaba descubrir que la fecha la cambiaba algún trasno mágico que viviese en una cueva secreta bajo el jardín y saliese cada mañana por el hueco de un árbol para hacer su trabajo.
Propongo adoptar medidas para rescatar la operación de cambio de fecha de su embrutecedor prosaísmo. Primero, contrátese a alguien afectado de enanismo, o, en su defecto, adminístrense a un niño las mismas hormonas retardantes del crecimiento que le dieron a Joselito.
Como uniforme, una chaqueta de vivos colores bordada de arabescos, pantalones bombachos, y zapatitos con pompones.
Los mismos que están haciendo las obras en el Parrote, podrían construirle al nuevo operario una casita subterránea en el parque, estilo Bilbo Bolsón o David el Gnomo. Insonorizada, claro, no le vaya a molestar el ruido del botellón.
Considero ésta una inversión necesaria y urgente, un uso productivo de los fondos públicos que redundará en beneficio de todos.
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