En primer lugar, permítanme despachar a Sócrates, porque estoy harto y aburrido de esa afectación de que saber que no se sabe nada es un signo de sabiduría.
Nadie sabe nada. En cuestión de días, los bebés aprenden a reconocer a sus madres.
Por supuesto, Sócrates estaría de acuerdo y explicaría que él no se refiere al conocimiento de trivialidades. Se refiere a que hay que abordar las grandes abstracciones sobre las que discuten los seres humanos sin ideas preconcebidas y no contrastadas, y que esto es lo único que sabemos. (¡Qué afirmación más increíblemente arrogante!)
Al discutir temas tales como "¿Qué es la justicia?" o "¿Qué es la virtud?", su actitud era la del que no sabe nada y tiene que ser aleccionado por los demás. (Es la llamada "ironía socrática", ya que Sócrates sabía de sobra que él sabía mucho más que los pobres infelices en los que se cebaba.) Al fingir ignorancia, Sócrates conseguía que los demás expusieran sus puntos de vista sobre estos conceptos abstractos. Entonces planteaba una serie de preguntas, aparentemente propias de un ignorante, con las que conseguía que los otros se perdieran en un fárrago tal de contradicciones que acababan por echarse a llorar y por admitir que no sabían de qué estaban hablando.
El hecho de que los atenienses permitieran que este juego continuara durante décadas y que le aguantaran hasta los setenta años, momento en el cual le obligaron a beberse el veneno, nos da una idea de su maravillosa tolerancia.
(Isaac Asimov: El secreto del Universo)
¡Por el perro! Creo que Asimov tiene mucha razón.
Como también la tiene Matthew Stewart, hablando de los sofistas:
Pues bien, ¿a qué obedece el hecho de que, en las historias tradicionales de la filosofía, los sofistas aparezcan condenados al infierno o al olvido? Cierto es que las doctrinas asociadas a la sofística -el relativismo y el escepticismo- no han gozado entre los filósofos de la misma popularidad que sus contrarias. La mayoría de los filósofos han preferido las morales de inspiración divina y el conocimiento absoluto. Mientras que las calumnias de Platón se basan, ciertamente, en su propia fe de signo opuesto en absolutos divinos, esto no basta para explicar el sino de los sofistas, pues muchos otros filósofos aceptables han defendido las mismas doctrinas impopulares.
El problema, a mi juicio, tiene que ver más con la actitud de los sofistas hacia sus propias doctrinas. Hicieron de la filosofía un medio para un fin. Los filósofos siempre han reclamado que se considere la filosofía un fin en sí mismo. La filosofía, o la vida contemplativa, es felicidad. Es la vida buena, no unas cuantas lecciones que hayan de tomarse en consideración de camino a la vida buena. No ha de venderse en el mercado al lado de las frutas y verduras. [...] Y, sin embargo, los sofistas eran amantes del conocimiento. De hecho, en su desdén por las obtusas doctrinas metafísicas, los sofistas revelaron un sentido de la objetividad y la imparcialidad que debería haberles convertido en los auténticos representantes de la tradición.
(Matthew Stewart: La verdad sobre todo)
No comments:
Post a Comment