Cuando camino de vuelta a casa bordeando el parque y acaba de llover, me encuentro con caracoles que han abandonado el césped y se adentran en la acera. Muchos han sido pisoteados por algún viandante previo; las conchas rotas permanecen como recordatorio de sus infaustas expediciones.
El caso es que semejante escabechina me parece completamente innecesaria. A veces incluso siento la tentación de coger a los caracoles que me voy encontrando, y volverlos a echar al césped. Después de todo, ¿qué se les ha perdido en la acera? Están mucho mejor entre la hierba húmeda, creo yo.
Sin embargo, ciertas dudas detienen mi misión salvadora. ¿Es realmente inútil para los caracoles el pasearse la acera? No sé, a lo mejor el pavimento contiene alguna substancia que necesitan y no se encuentra en la tierra del parque. En ese caso, mis buenas intenciones resultarían contraproducentes.
Esta mortandad de moluscos, ¿no creará una presión evolutiva que conduzca al desarrollo de un instinto para evitar la acera? ¿Cuántas generaciones de caracoles deben morir aplastadas hasta que surja una variedad sensata, sin impulsos suicidas? La evolución darwiniana es un dios ciego y cruel que sólo otorga sus dones a cambio de incontables muertes y sufrimientos. Debería ser declarada ilegal, o al menos políticamente incorrecta. Como escribió un tipo, de cuyo nombre no me acuerdo, que fue citado por Dawkins en El Gen Egoísta: "Nature, red in tooth and claw".
En Ciudad de Clifford D. Simak los perros, que han heredado el mundo tras la desaparición del hombre, han sido condicionados para ser vegetarianos. Esta delirantemente utópica imagen de la crueldad natural domeñada es lo que más recuerdo de la novela. Supongo que tiene inspiración bíblica, en pasajes como "el lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey".
En fin... como siga así terminaré convirtiéndome al jainismo.
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